miércoles, 6 de junio de 2012

EL HOMBRE DE LA TIERRA

"me honra extremadamente decir que mi pan lo gano con el sudor de mi frente”
M Hernández 
(El Labrador de más aire) 


La esperanza en el hombro, encorvado en el surco,
 Sudorosa su frente, ancho su pecho noble.
 Bajo el rescoldo vivo de los soles de julio,
Forjando la mancera o conduciendo el yugo 
El hombre campesino se labra su sustento, 
Abriendo las entrañas provisoras del suelo
 Con el hierro filoso que ha de formar el útero 
Donde ha de caer con ansia la semilla pequeña… 
Con el cuidado sumo de Madre diligente
 Ha de hundir sus manos humildes en la tierra 
Con instintivo celo, como un ser primitivo,
 Prodigándole abrigo a su hijo nonato… 
Luego cuando la siembra impregnada en el humus 
Haya yemado el brote y arraigado en el limo,
 Bajo el sol de los días y el relente en las noches 
El ha de henchir sus ojos con brilloso contento, 
Y ha de elevar sus preces a las cumbres del cielo
 Pidiendo a las jornadas generosa clemencia.
Los aguaceros fuertes, los vientos indolentes
 Han de amainar su furia por la querida siembra… 
Y allí bajo la fragua quemante, sobre el suelo, 
Con la azada en la mano, el músculo candente
 Con su sueño incesante y su yugo porfiado 
Contempla el campesino su trabajo enorme. 
Con quebrado resuello, goteando un sudor noble, 
Así siente el hombre jadear su heroico cuerpo
Afianzado a las raíces de los agrestes zumos
Que refuerzan su instinto primitivo y rustico… 
Con su cara brillante, con su frente dichosa 
Viendo en el surco fértil la portentosa espiga 
Centellear en los campos bajo el ígneo sol de oro.
 Preñando la amplia tierra de una gloria fecunda. 
El hombre de faz tosca se sentara a la mesa 
De su casa sencilla y dirá su plegaria 
Y con sus manos rudas partirá el alimento: 
El pan de su trabajo, el fruto de su esfuerzo… 

*Diego Rivera Campesino cargando un guajolote, 1944
Oleo sobre madera, temple sobre masonite 36 x 28 cm.
Colección del Gobierno del Estado de Veracruz